jueves, 21 de octubre de 2010

Consecuencias de los aerosoles en la capa de ozono

En los últimos tiempos, la mayor atención a los impactos ambientales de los aerosoles antropogénicos se concentró en los efectos de los clorofluorocarbonos (CFC) sobre la capa de ozono en la atmósfera. Estos se utilizaban desde 1928 en refrigerantes y aerosoles. En 1974 se publicó un importante estudio científico de Molina y Rowland que documentó como los CFCs destruyen el ozono. Estudios posteriores estimaron que los CFCs reducirían la capa de ozono en un 7% en 60 años. Estos estudios motivaron a los EEUU a prohibir el uso de los CFCs en los aerosoles en 1978.

Sin embargo, no es sino hasta 1985 cuando los estudios científicos publicados en la revista Nature muestran que los niveles de ozono en la Antártica habían caído a niveles alarmantes. Los observadores de la NASA descubren entonces un agujero en la capa de ozono en la Antártica. Estudios científicos posteriores han acreditado no sólo la existencia del agujero sino la reducción global de la capa de ozono en la atmósfera.

En 1987 se firmó el más importante tratado internacional que busca la eliminación de los CFCs y otras sustancias asociadas para el año 2030: El Protocolo de Montreal. El protocolo, ratificado hoy día por más del 95% de los países consumidores de CFCs (191 naciones) también manda que los signatarios deban compartir la tecnología que hace posible esta eliminación.
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